Desencantado de mi trabajo

A raíz de un artículo que leí que se titulaba “La Danza de los Desencantado”, quise mencionar los principales elementos que a mi juicio te pueden volver un desencantado, además de todos los mencionados en el artículo, considero que los siguientes puntos se vuelven muy relevantes cuando son la base de una buena experiencia laboral:

 

1. Escasa comunicación con tu jefe. Suele ocurrir que tu jefatura tenga una agenda recargada de “reuniones de reunidos”, que muchas veces no tienen resultados, pero lamentablemente el día a día de tu supervisor directo es consumido por el mal de muchos.

2. Esa misma falta de comunicación supone una falta de objetivos claros para el desempeño de tus labores. ¿Jefe qué es lo que espera de mi? Y por más que hayas leído las políticas de la empresa, procedimientos y quizá cuántos escritos más, pero sin embargo, tú no tienes claro el objetivo de tus funciones y menos la repercusión de los mismos en los resultados de tu unidad, departamento ó área.

3. Cultura de la organización poco motivadora, más de lo mismo, una empresa que niega adaptarse a las necesidades actuales. Y es muy normal, en algunas de estas organizaciones más del 50% del personal lleva más de 15 años, algunos en la misma posición y otros (los que han podido hacer carrera) han ascendido paulatinamente. Pero eso no es lo más importante, lo que es relevante, es cuando los trabajadores que están prácticamente en el “inventario”, los que “nacieron con la empresa” niegan a adaptarse a las nuevas visiones de organización, aquellas en las que se enseñan nuevos modelos de gestión, donde el pragmatismo deja de lado la burocracia y el mero papeleo. En donde además se niegan a tener un intercambio de palabra con la muy bullada Generación Y.

4. Lugar físico incómodo, ergonómicamente incorrecto, con mala ventilación, etc. En muchas empresas, la comodidad y el recibir a los nuevos integrantes en un lugar óptimo está en el último peldaño de las prioridades, más les interesa que generes resultados y que trabajes más de las 45 horas semanales.

5. Concepto de “trabajo en equipo” inexistente, donde todos reman según conveniencias. “Yo trabajo para mi jefe”, “no, eso se escapa de mis procedimientos”, “qué beneficios me llevo yo con esto?”, “tú no eres mi jefe”, “no está dentro de mi planificación ayudarte”, etc.

6. Malos hábitos de la organización, como por ejemplo, no querer ser el primero en irte al finalizar la jornada laboral (aunque eso signifique no tener mas trabajo y estar leyendo el diario online), porque el “jefe” aún no se retira. Ser el primero en llegar y el último en irte. Adoptar malas prácticas como no saludar al desconocido. Hábitos que al mediano plazo minan tu existencia, ya que pasas más tiempo en el trabajo que haciendo otras actividades para tu beneficio personal.

7. Ausencia de espacios de esparcimiento, ocio o recreación. Almuerzo rápido para luego seguir con mis obligaciones, ya que la empresa no tiene destinado un lugar de encuentro o donde puedas sentarte con el resto de tus compañeros de trabajo para charlar del fin de semana.

8. Mi jefe cree que soy su mayordomo, Wikipedia o el estafeta a quien puede solicitarle desde un café hasta “sáqueme fotocopia”. Sin desmedro del personal que cumple estas funciones, claro está que cada cual debe hacer el trabajo para el cual fue contratado, pero es obvio que hay ciertos jefes que creen que tú estas para uno y mil pedidos que a él se le antoje. Para colmo, si eres un buen profesional, serio y responsable y te niegas a volverte el simple junior de los mandados, también estás en riesgo de ser catalogado por tu jefe como un “falto de voluntad” o un “insurrecto”, pero está claro que esto es cuestión de criterio (y no todos los jefes –o los que dicen serlo- fueron beneficiados con este “don”)

9. Mi jefe es un camaleón “cambia de opinión según la ocasión”. Muchas veces te puede ocurrir que tu jefe sea una persona dispersa, hipercomunicativa y con mala memoria, que a largo plazo esta característica constituye una determinante para tu estrés, ya que no logras descifrar qué es lo que te pedirá o dirá.

10. Ausencia de retroalimentación positiva. ¡Qué bien lo has hecho hasta ahora! ¡has cumplido con las expectativas encomendadas! ¡eres lo que buscábamos! ¡buen análisis! etc. No es tan difícil poder estimular positivamente a las personas de una organización, lo difícil es que los jefes logren dejar sus egos de lado para felicitar. Muchos jefes dicen preferir no felicitar ya que el trabajador puede “acostumbrarse a ser felicitado” y luego “quedarse en los laureles”. Pero creo que es el temor de ellos mismos a perder su autoridad.

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