El emprendedor, segunda parte y final.

Si aún no lees la primera parte, puedes entrar aquí.

Segunda Parte… y final.

El emprendedor de humo (charlatán): Una mezcla de ciertos tipos de emprendedores, pero podría ser un caso patológico. Habla mucho de su negocio, pero no se le conoce absolutamente nada de lo que realmente hace, cómo lo hace y qué entrega como producto. Siempre va muy apurado pues va a una reunión, tiene mucho trabajo y no tiene tiempo para detenerse a charlar, y si lo hace es sólo para comentarte qué es lo que está haciendo en su negocio. También podría ser el típico caso de aquella persona que sueña con ser autónomo e iniciar su propio negocio, y que de momento prefiere ahorrar para “algún día” comenzar esto de lo que tanto habla, pero que hoy sabe que el país está en crisis (o vendrá una) entonces será cauto y mejor seguirá trabajando en la misma empresa a la que llega cada mañana detestando.

El falso emprendedor (sólo sigue la empresa que tenía su padre): Ya hemos conocido muchos casos como este. Tiene tal convencimiento de lo que ha hecho que comenta que ha sido uno de los “fundadores” de la empresa (sin haber nacido aún). Es el personaje que comienza en el área de publicidad y pasados los años y ganada la confianza principalmente de su padre se convierte en el Gerente General. Sus logros más importantes son el cambio de imagen corporativa y traer la “novedad” a la empresa: viernes casual. La verdad lo hemos incluido sólo para ampliar el espectro tipológico de los emprendedores y que se entienda que no todo empresario es un emprendedor (puedes estar en desacuerdo).

El emprendedor consejero: Es el que ves desde lejos acercándose a ti en la calle y lo evitas (no mientas), pues es el personaje que detestas, lo único que tiene para hablarte es darte consejos de lo que se debe hacer para emprender, considera su propio caso un caso único y de éxito, jamás te cuenta si tiene o no ganancias, pero sí te cuenta lo que tiene o lo que ha tenido. Podría ser un personaje con un ego mucho más elevando que el común de los mortales (suena obvio no).

El emprendedor cómodo: No es muy agradable este tipo, es el que jamás piensa que el motivo del poco éxito de su negocio es porque simplemente no se mueve. No conoce la vergüenza, no sabe entregar la información exacta para dar a conocer lo que hace, no sabe publicitarse, no quiere moverse más de lo necesario, porque cree que el que se interese en lo suyo debe golpear su puerta. Obviamente es un emprendedor muy poco emprendedor, pues podría haberse quedado con su idea anclada en aquel profesor de marketing que algún día le dijo que cuando los negocios son realmente buenos se dan a conocer por sí solos.

El emprendedor enchufado: Todos en nuestro fuero interno odiamos a este personaje, pero quisiéramos además ser su mejor amigo. Es realmente impactante la cantidad de personas que conoce y la variedad de rubros a los que pertenecen. Y por si fuera poco, además posee contactos de gobierno con los que fue al mismo colegio, hacen juntas los fines de semana o sus familias son súper amigas, y aprovecha cada vez que los ve para pedir que le agilicen tales y cuales documentos para su emprendimiento. Siempre te está ofreciendo ayuda a través de sus contactos, pero cuando lo llamas siempre está ocupado o sus contactos jamás están en el país.

El emprendedor millenial: Ya habrás conocido a muchos de este estilo, quieren todo para ayer, nada les gusta, mueven todas sus ventas a través de redes sociales, están siempre conectados, parece que no duermen, tienen mil amigos (ninguno conocido en persona, todos de la “red”), vas a su oficina y te citan en el café de la esquina, o si logras ir a su oficina no entiendes nada pues más parece una convención de google, todos mezclados, algunos sentados en el suelo, escritorios-juguete, mucha zapatilla y mucha Coca-Cola.

 

Nota: Te habrás dado cuenta que estas definiciones podrían mezclarse entre ellas y no necesariamente existirían tipos definidos.

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